De entre los muchos retos que existen en las ciudades del siglo XXI, la movilidad es una de las problemáticas más recurrentes en Latinoamérica y Ciudad Juárez no es una excepción. La gran extensión de la ciudad y su desarticulación entre los distintos clústeres urbanos (industrial y habitacional, sobre todo) imposibilita que el sistema de movilidad cubra las necesidades y funcionamiento eficiente; es decir existe una desconexión entre la estructura urbana y los modos de transporte.

La movilidad urbana es un derecho legítimo de las personas que se garantiza con un sistema de movilidad integral que incluya diversos modos de transporte, una organización espacial, infraestructura vial que permita el funcionamiento apropiado del transporte y que a la vez incluya elementos que aporten a la mitigación de los efectos contaminantes de las fuentes móviles (automóviles, autobuses, camiones de carga, etc.).

El sistema de movilidad actual de Juárez ha fomentado el uso del automóvil privado, permitido el descontrol de transporte público y minimizado los esfuerzos por el uso de medios de transporte sustentables, dando entrada a graves problemas del entorno y salud pública; en este sentido es claro que no existe una integralidad dentro del modelo actual por lo que en términos de resiliencia es necesario transformarlo con miras hacia el desarrollo urbano sustentable.

Ciudades latinoamericanas que han planificado el desarrollo urbano por medio de la transformación de los sistemas de transporte como Quito, Cali, Bogotá y Curitiba; han vislumbrado grandes oportunidades para incrementar la resiliencia de la ciudad, por medio de la incorporación de nuevos modos de transporte, tecnología e infraestructura como estrategias de movilidad eficiente y sustentable. Desde esta perspectiva, el funcionamiento de la ciudad mejora, optimizando la productividad y otorgando una mejor calidad de vida a los habitantes